Ayer te miré mientras ardías... bueno, más bien, mientras te quemaba. Te quemé a tí y a todos tus recuerdos: fotos, flores secas, peluches, ropa... Todo... Ni rastro de ti, ni rastro de un nosotros.
Y aunque no me hizo sentir mejor... Mientras veía el humo escaparse por la ventana me hice una promesa. Nunca, jamás, habrá más segundas oportunidades. Y sí, lo digo en plural, porque ya ha habido una segunda, una tercera, una cuarta, una quinta...
Y ya no tengo ni fuerzas ni ganas de seguir jugando a tu juego, de una partida de ajedrez que siempre termina en tablas, de ser tú el pescador y yo el salmón... afloja el sedal, recoge el sedal, afloja el sedal, recoge el sedal... Ya va siendo hora de que me devuelvas al río.
Me he encerrado dentro de mi duro caparazón de donde no sale ni entra nada, y aquí voy a quedarme hasta que desaparezcan tus fantasmas y el aire que respiro esté un poco menos viciado de ti. Nadando entre pensamientos y gotitas de odio concentrado.
Un punto y final para una historia que llevaba demasiado tiempo en puntos suspensivos...
La vida nos enseña a ser cada vez más fuertes para sobreponernos a nuestro pasado, me encanta como escribes. te sigo! un abrazo!
ResponderEliminarAunque a veces sobreponerse resulte excesivamente difícil... =)
ResponderEliminarGracias por estrenarme los comentarios ;)
Un beso
Muy buen blog, me gusta y te leo de cerquiita.O.O
ResponderEliminarUna invitación al mío: globosagua.blogspot.com
Besos de purpurina, ali.
Gracias x el comentario!! M paso =)
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