sábado, 15 de marzo de 2014

Como una astilla

- ¿Como os ha ido?

- ¿Sabes las astillas, que para sacarlas tienes que usar un alfiler?

- Sí.

- Pues igual.
Le quiso hasta romperse. Ella era así. Intensa. Sí, si tuviera que describirse, lo haría con esa palabra. Intensa, como mil soles.

Pero él resultó ser más duro de lo que esperaba, frío, impasible.

Se quitó la coraza, se tiró a la piscina. Y cuando ya estaba rendida y sometida, él le asestó el golpe.
Le dolió, mucho, muchísimo, pero aun así, no aflojó. Ella nunca aflojaba, nunca se rendía, la tenían que hacer perder. Tenían que romperla más allá de toda esperanza. Era cabezona.

Siempre lo había sido. No era nada nuevo. Ya se había reconstruido antes. Rota en más de mil pedazos y siempre encontraba la fuerza para volver a empezar.

Para volver a querer sin límites, sin pensar, sin medida.

Era intensa, sí. Pero también era valiente.