lunes, 8 de noviembre de 2010

Intentando no recordarte, me acordé de ti.


Ya han pasado 2 semanas y todavía recuerdo tu mensaje, verte esperándome en aquella esquina, tus pantalones azules y tu camiseta a rayas, el olor de tu colonia y el del tabaco de la noche anterior todavía en tu pelo.
Recuerdo el beso que te atreviste a darme y la mirada que no fuiste capaz de sostener. Recuerdo tu ascensor, tu cuarto, tu salón, tus peces y el verde de tu sofá.
Recuerdo el primer beso y la cascada de ellos que le siguió, esa tonta esperanza del principio y la decepción de después. Recuerdo las caricias, mis labios desesperados buscando los tuyos, tus brazos, tu piel, el agua caliente de la ducha cayéndome por la espalda.
Recuerdo el dolor, un vacío inmenso en mitad del pecho. Tu indecisión y mis frustrados intentos de hacerte ver las cosas.
Recuerdo tus lágrimas, tan falsas como tantas otras que ya te había visto llorar antes. Recuerdo obligar a las mías a quedarse dentro de mis ojos, empañándome la vista, hasta que el muro de contención se vino abajo y millones de ellas rodaron por mis mejillas. 
Recuerdo no gritar, volverme pequeña e incapaz de reaccionar, recuerdo que me abrazabas y que tus brazos quemaban. Recuerdo marcharme de allí, de tu casa, con un beso de consolación y una promesa de no dejarme salir de tu vida.
Recuerdo derrumbarme en el ascensor, la noche mojando la almohada y las pesadillas, pero, sobre todo, lo mucho que dolía.
Recuerdo el viaje a Madrid y como cada una de las canciones que sonaban terminaban hablando de nosotros. Recuerdo el viaje en avión y la esperanza de que mis recuerdos se quedaran a tantos km como los que separaban Estambul de tu casa.
Recuerdo el barco y una inyección de buen humor, el despertar del día siguiente y la decisión. Recuerdo tus llamadas y todos y cada uno de tus mensajes, letra por letra, palabra por palabra. Recuerdo obligarme a no contestar al teléfono.
Recuerdo que volví a ser yo, volver a comer, reir, soñar, bailar, gritar, besar. Recuerdo a todas y cada una de las personas que hicieron un poco más fácil el no recordarte. Recuerdo el cariño de las niñas y la sonrisa de los demás.
Recuerdo los mejores 7 días en mucho tiempo, y el último mensaje, el que enviaste porque sabías que regresaba.
Recuerdo volver a casa, recuperada, otra vez yo, otra vez la sonrisa en la cara. Recuerdo las ganas de seguir adelante, el dolor sordo detrás de las costillas, pero que ya no me desgarraba cada vez que intentaba respirar. Recuerdo la cicatriz, ya no había herida.


Recordé que hoy hace 2 semanas que decidí no recordarte y me he acordado de ti.

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